Llegado este punto, las reflexiones sobre la
evaluación son variadas y muy superiores en número al primer día. Pero después
de la última entrada, las dudas planteadas con el grupo de debate (el concepto
de autonomía en el proceso de aprendizaje) y la lectura sobre el feedback
en los entornos virtuales, me parece que la primavera y las flores no llegan.
Ahora algunos/as (mayoría de algunas) pensaréis: "¡vaya un capullo!"
pero parémonos a pensar.
El concepto de autonomía lo podemos
interpretar desde diferentes puntos de vista. Por un lado, ayuda a equilibrar
la balanza de la entrada anterior: realmente no es justo que el profesor cargue
con todo el peso de la evaluación y el alumno le siga "a pies
juntillas" por el simple hecho de que tenga un cargo en una institución
educativa. También es verdad que el hecho de dar cierta autonomía al alumno
provoca una mayor motivación, factor muy importante en la obtención de un
proceso de aprendizaje y un resultado de mayor calidad (que no cantidad). Y
también es verdad que esta autonomía, a parte de motivar al alumno, ayuda a que
este tome conciencia de qué sabe, qué no sabe y como solucionar esta
"falta de sabiduría" o conocimiento.
PERO, ¿qué pasa con esta autonomía en los
entornos virtuales? Pues bien, obviamente el nivel de autonomía asciende de
forma impresionante: el alumno elige en todo momento como debe avanzar su
aprendizaje tomando conciencia constantemente sobre cuáles son sus progresos,
cuáles son sus puntos flacos y como poder obtener un resultado óptimo. En este
contexto virtual, el profesor actúa a modo de guía: proporciona feedback,
organiza grupos de debate, foros, proporciona materiales que los alumnos pueden
utilizar para trabajar, etc. ¿Pero qué ha pasado con el equilibrio en la
balanza? Perdónenme ustedes, pero yo me pregunto: ¿dónde está el profesor? ¿Ha
muerto?
Personalmente, creo que esta concepción del
aprendizaje en un contexto virtual cae en un error: conceder demasiada
autonomía al alumno. Hay que tener en cuenta que la motivación ha de ser tanto
intrínseca como extrínseca y, personalmente, considero que ambas son necesarias
para que el alumno adopte un buen ritmo de aprendizaje y obtenga buenos
resultados. Tal y como se plantea el proceso de aprendizaje en el artículo
leído, la figura del profesor cambia de una forma que considero bastante
drástica. Si el docente no se ocupa de transmitir el conocimiento y sólo da las
herramientas para que los alumnos lo obtengan, su figura comienza a desaparecer
y la balanza que tendría que estar equilibrada da todo el peso al alumno.
Ahora bien, tampoco puedo afirmar que sea un
método totalmente erróneo o que de malos resultados. Obviamente el hecho de
difuminar la figura del profesor también tiene sus efectos positivos, al igual
que plantear un feedback positivo en el que se minimiza el impacto
negativo de los errores cometidos en las tareas o plantear ejercicios dinámicos
que no se concentren en la repetición y aplicación de conocimientos sin
reflexión previa y posterior. Eso sí, insisto en el equilibrio de
responsabilidades entre profesor y alumno.
También me gustaría comentar que el hecho de
plantear este tipo de aprendizaje con un grado de autonomía elevado también me
incita a realizar una crítica más dura. En un contexto de clases presenciales este
traspaso de responsabilidad se ve reducido, ya que el profesor deja de ser un
guía para ser también una fuente de conocimiento. Hay que tener en cuenta que
en un contexto en el que la figura del profesor sólo guía, tenemos más
posibilidades de cometer un error en primera instancia que quizás podríamos
haber evitado. Además, también cabe recordar que la figura del profesor de
forma constante da una cierta sensación de seguridad en el alumno, ya que sabe
que en el momento en que necesite ayuda, la tendrá. En cambio, con el
planteamiento del artículo parece que todo el apoyo que pueda recibir haya de
proceder de una bibliografía recomendada.
De todos modos, mi intención no es hacer una
crítica ofensiva hacia este tipo de planteamiento educativo: lo que vengo a
decir es que, tal y como ocurre con la combinación de diferentes métodos usada
en las aulas, también debemos utilizar una combinación de diferentes métodos de
evaluación. Tal y como comentamos en clase, siempre tenemos que ponernos en la
piel del alumno y, por lo tanto, pensar cual puede ser la opción que hará que
este pueda dar lo mejor de si mismo. De este modo, quizás el modo de evaluación a distancia planteado quizás no es el mejor para cualquier persona, aunque si la motivación extrínseca tiene un gran peso sí puede llegar a dar un muy buen resultado.
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