lunes, 11 de marzo de 2013

Temperatura óptima.

¿Soy yo o el invierno ha llegado a su fin? La verdad que con esto del sol, el buen tiempo y la brisa agradable parece que se han comenzado a derretir los prejuicios que teníamos sobre la evaluación y ya queda poco de ellos. Además parece que brota algo: no sabemos muy bien que es, no sabemos muy bien como interpretarla, pero suponemos que debemos cuidar de ella y dejar que florezca, a ver si sale algo bonito.

Ahora sí, pongámonos serios. Obviamente nuestra visión de qué es la evaluación a cambiado totalmente gracias a las diferentes "técnicas", planteamientos y tareas que hemos observado a lo largo del trimestre. También hemos visto que el término "evaluación" no es un simple dato numérico que nos deja "subir de rango" en nuestra carrera académica, sino que es un concepto y un proceso presente a lo largo del proceso de aprendizaje y que en su ausencia, perdemos conocimiento por el camino, ya que es la guía que nos lleva a los objetivos que nos hemos planteado como meta académica y personal.

Pero aún con esa descripción nos quedamos cortos. La evaluación es un concepto complejo en el que intervienen otros como la autonomía del aprendizaje, totalmente recomandable teniendo la guía constante (y digo guía, que no ayuda) de un profesor, el cual no nos da las respuestas ni los conocimientos, sino los materiales y los modos de uso de éstos para que podamos obtener el conocimiento. Además, a través de esta autonomía también nos gestionamos nuestro propio aprendizaje, evitando problemas como el típico desnivel cognitivo tan corriente en clases de educación secundaria. Con este concepto incorporado a nuestra visión de evaluación, adpatamos el ritmo de aprendizaje a nosotros mismos, reforzando puntos débiles sin dejar a un lado puntos fuertes.

Pero sigamos regando a este brote que nos ha salido. También hemos visto que herramientas devaluadas como puede ser un diario de aprendizaje o un cuestionario de autoreflexión pueden servir para tener una guía propia a través de la cual tomamos conciencia de nuestro propio avance en cualquiera que sea el ámbito educativo en el que nos situamos, no sólo en el lingüístico. Ahora bien, también es necesario recordar que siempre es muy importante el planteamiento con el que se presenta, depende de este la motivación que surja en el alumno.

También hemos visto formas de crear una mayor sensación de aprendizaje a través de la creación de tareas de evaluación relacionadas temáticamente y de dificultad escalonada: las famílias de actividades. Con este planteamiento del curso el alumno puede entrever su progreso de una forma bastante clara y concisa. Eso sí ¿qué necesitamos para que el alumno se tome con humor y pueda ver realmente su proceso de aprendizaje de una forma optimista? Ofrecer los objetivos e indicadores de cada una de las tareas de evaluación que planteamos. Si el alumno sabe que va a aprender y como se evaluarán los conocimientos dados en clase sabrá en qué puntos debe esforzarse y aunque estemos en el peor de los casos (un suspenso), la conciencia tomada se encargará de que la evaluación sea vista como un "¡ya sabes qué tienes que mejorar y sigue esforzándote porque vale la pena!" y no como un latigazo en la espalda.

Pero sigamos, porque aún quedan cosas que comentar sobre este modelo de evaluación. También tenemos que tener mucho cuidado con el trato que damos a los errores que nuestros alumnos cometen. En este caso, no debemos dar una sola oportunidad, ya que pueden darse casos de errores que se podrían  haber evitado y de los cuales el alumno tiene conciencia, pero no ha identificado a simple vista. Por lo tanto, en nuestro modelo de evaluación se utilizará el error como una herramienta más para avanzar en el proceso de aprendizaje tomando al pie de la letra la frase "de los errores se aprende". Por lo tanto, tras una primera corrección por parte del alumno podremos observar cuales son los puntos débiles reales del alumno y darle las herramientas suficientes como para que pueda solucionarlos o, como mínimo, reducirlos.

Finalmente, me gustaría recuperar un concepto del que hablamos largo y tendido el trimestre pasado: la variable afectiva. Con este modelo de evaluación el estatus entre alumno y profesor se iguala, haciendo que el docente baje de la tarima y tenga una visión más adaptada al alumno, el cual se convierte en el centro de atención. Pero esto también supone que el profesor es más cercano al alumno y por lo tanto hay mayor probabilidad de establecer un vínculo de confianza (que no de amistad) a través del cual el alumno se sienta menos cohibido y tenga mayor confianza a la hora de preguntar dudas o redactar sin miedo al error. Además, este concepto se ve reflejado en la gran importancia que tienen las tutorías a modo de tarea de evaluación, ya que en estas se demuestra que la confianza "a nivel académico" es total, ya que con estas el alumno mejora y reconduce su proceso de aprendizaje en momentos de poca claridad a la misma vez que el profesor evalúa el avance que está haciendo el alumno y puede darle una ayuda de mayor calidad.

Eso sí, nuestro modelo de evaluación se enfrenta a una sequía la cual debemos tener muy en cuenta. Aunque no nos guste, tenemos que tener aceptar que los alumnos, aunque reacios al método de evaluación presente, también necesitan un cierto tiempo para adaptarse al nuevo modelo. A todos nos da miedo el cambio y, por lo tanto, el comentado modelo de evaluación debe ser implantado de forma progresiva. Pero no son sólo los alumnos, los docentes también tiene cierto miedo, o más bien pereza, al modelo descrito. Digo pereza porque, obviamente, el actual modelo en el que toda la nota recae sobre unos cuantos exámenes y no se da ningún tipo de noción sobre como será evaluado el alumno es mucho más cómodo que preparar un sinfín de herramientas que optimicen el proceso de aprendizaje.

Así, concluyo que, después de todas mis críticas estoy totalmente de acuerdo con la implantación de este nuevo modelo de evaluación, aunque siempre manteniendo un equilibrio y dando tiempo a la población para que pueda acostumbrarse.

martes, 26 de febrero de 2013

Parece que la primavera no llega.



Llegado este punto, las reflexiones sobre la evaluación son variadas y muy superiores en número al primer día. Pero después de la última entrada, las dudas planteadas con el grupo de debate (el concepto de autonomía en el proceso de aprendizaje) y la lectura sobre el feedback en los entornos virtuales, me parece que la primavera y las flores no llegan. Ahora algunos/as (mayoría de algunas) pensaréis: "¡vaya un capullo!" pero parémonos a pensar.

El concepto de autonomía lo podemos interpretar desde diferentes puntos de vista. Por un lado, ayuda a equilibrar la balanza de la entrada anterior: realmente no es justo que el profesor cargue con todo el peso de la evaluación y el alumno le siga "a pies juntillas" por el simple hecho de que tenga un cargo en una institución educativa. También es verdad que el hecho de dar cierta autonomía al alumno provoca una mayor motivación, factor muy importante en la obtención de un proceso de aprendizaje y un resultado de mayor calidad (que no cantidad). Y también es verdad que esta autonomía, a parte de motivar al alumno, ayuda a que este tome conciencia de qué sabe, qué no sabe y como solucionar esta "falta de sabiduría" o conocimiento.

PERO, ¿qué pasa con esta autonomía en los entornos virtuales? Pues bien, obviamente el nivel de autonomía asciende de forma impresionante: el alumno elige en todo momento como debe avanzar su aprendizaje tomando conciencia constantemente sobre cuáles son sus progresos, cuáles son sus puntos flacos y como poder obtener un resultado óptimo. En este contexto virtual, el profesor actúa a modo de guía: proporciona feedback, organiza grupos de debate, foros, proporciona materiales que los alumnos pueden utilizar para trabajar, etc. ¿Pero qué ha pasado con el equilibrio en la balanza? Perdónenme ustedes, pero yo me pregunto: ¿dónde está el profesor? ¿Ha muerto?

Personalmente, creo que esta concepción del aprendizaje en un contexto virtual cae en un error: conceder demasiada autonomía al alumno. Hay que tener en cuenta que la motivación ha de ser tanto intrínseca como extrínseca y, personalmente, considero que ambas son necesarias para que el alumno adopte un buen ritmo de aprendizaje y obtenga buenos resultados. Tal y como se plantea el proceso de aprendizaje en el artículo leído, la figura del profesor cambia de una forma que considero bastante drástica. Si el docente no se ocupa de transmitir el conocimiento y sólo da las herramientas para que los alumnos lo obtengan, su figura comienza a desaparecer y la balanza que tendría que estar equilibrada da todo el peso al alumno.

Ahora bien, tampoco puedo afirmar que sea un método totalmente erróneo o que de malos resultados. Obviamente el hecho de difuminar la figura del profesor también tiene sus efectos positivos, al igual que plantear un feedback positivo en el que se minimiza el impacto negativo de los errores cometidos en las tareas o plantear ejercicios dinámicos que no se concentren en la repetición y aplicación de conocimientos sin reflexión previa y posterior. Eso sí, insisto en el equilibrio de responsabilidades entre profesor y alumno.

También me gustaría comentar que el hecho de plantear este tipo de aprendizaje con un grado de autonomía elevado también me incita a realizar una crítica más dura. En un contexto de clases presenciales este traspaso de responsabilidad se ve reducido, ya que el profesor deja de ser un guía para ser también una fuente de conocimiento. Hay que tener en cuenta que en un contexto en el que la figura del profesor sólo guía, tenemos más posibilidades de cometer un error en primera instancia que quizás podríamos haber evitado. Además, también cabe recordar que la figura del profesor de forma constante da una cierta sensación de seguridad en el alumno, ya que sabe que en el momento en que necesite ayuda, la tendrá. En cambio, con el planteamiento del artículo parece que todo el apoyo que pueda recibir haya de proceder de una bibliografía recomendada.

De todos modos, mi intención no es hacer una crítica ofensiva hacia este tipo de planteamiento educativo: lo que vengo a decir es que, tal y como ocurre con la combinación de diferentes métodos usada en las aulas, también debemos utilizar una combinación de diferentes métodos de evaluación. Tal y como comentamos en clase, siempre tenemos que ponernos en la piel del alumno y, por lo tanto, pensar cual puede ser la opción que hará que este pueda dar lo mejor de si mismo. De este modo, quizás el modo de evaluación a distancia planteado quizás no es el mejor para cualquier persona, aunque si la motivación extrínseca tiene un gran peso sí puede llegar a dar un muy buen resultado.

lunes, 28 de enero de 2013

Justicia divina.


Siempre se nos habla de que en la escuela, aparte de recibir conocimiento por parte de los profesores, también debemos aprender a ser autocríticos. Con esto nos referimos a poder evaluar el trabajo hecho por uno mismo y poder decidir con criterio si es de buena calidad o no. Pero en ese punto, también hay un factor que debemos tener en cuenta y del que normalmente no tenemos conciencia: ¿de qué forma seremos evaluados? Es aquí donde la evaluación debe convertirse en una pirámide en la que tanto alumno como profesor puedan evaluarse a sí mismos y poder compartir esta información entre ellos. Por lo tanto, tal y como se dice en el vídeo titulado “Avaluar per motivar”, se debe enseñar lo que se va a evaluar y se debe evaluar lo que se ha enseñado desde ambas partes (alumno y profesor). También cabe comentar, que debemos entender “enseñar” de dos formas: como forma de transmisión de conocimiento y como sinónimo de mostrar algo a alguien.
Ahora bien, son muy pocos los casos en que este tipo de evaluación se lleva a cabo. Es verdad que actualmente en muchos centros se tiene en cuenta el factor de la “autoevaluación”, pero siempre se acaba devaluando, ya que se considera que el alumno no tiene suficiente capacidad como para poder establecer un juicio justo respecto a él. Y, parcialmente, es verdad, aunque tampoco se debe superponer la opinión y/o evaluación del profesor a la del alumno, ya que en ese caso la evaluación puede ser injusta, ya que no se contabiliza un factor (la autoevaluación) que sí se debe contabilizar.
Por lo tanto, la clave de una evaluación justa es la negociación del proceso de evaluación al cual se va a someter al alumno y la evaluación continua. De esta forma, el alumno puede ver claramente su propia evolución, la forma en que está siendo evaluado a cada momento y el porqué de los resultados que está dando. Me gustaría comentar que, a diferencia de la oradora de la conferencia que se ha propuesto, mi opinión (basada en mi experiencia, obviamente) es que en bachillerato se lleva a cabo un proceso de evaluación de una calidad bastante alta, ya que las pruebas y actividades que se llevan a cabo son varias y no todas están enfocadas al aprobado en las Pruebas de Acceso a la Universidad. Es más, se realizan diferentes tipos de actividades, entre las cuales las hay de más motivadoras y de menos, pero que ayudan a que la evaluación sea continua y la nota no recaiga totalmente sobre un examen final.
De todas formas, también quiero destacar que hasta mi llegada a la universidad nunca había visto ningún tipo de parámetro de evaluación para una asignatura, hecho que me hace reflexionar sobre los diferentes motivos por los cuales la gente suspende en educación secundaria. Hay que tener en cuenta que cada profesor tiene una manera de evaluar a sus alumnos diferente, de la misma forma que esta evaluación también será diferente en cada asignatura. Es este factor, el hecho de saber cómo seremos evaluados, el que hace que el riesgo de suspender sea mayor, ya que no tenemos nociones de la forma a través de la cual hemos de exponer lo que sabemos. Por lo tanto, tener un conocimiento muy extenso no siempre ayuda a dar buenos resultados y por ello se propone la exposición de los métodos de evaluación por parte del profesor: para que los alumnos lleguen al momento de la evaluación en igualdad de condiciones (siendo estas condiciones las dependientes del profesor).
Finalmente, en la conferencia vista se propone el uso o práctica de actividades y/o dispositivos de evaluación que involucren al alumno. De este punto me gustaría destacar que las actividades que suponen un alto grado de involucración por parte del alumno y de aprendizaje son las tareas por proyectos, pero estas tienen un defecto: deben mantener un equilibrio constante entre factores muy diversos. Entre estos factores encontramos la motivación del alumno, el carácter abierto de la actividad, la presencia del profesor para evaluar el proceso de aprendizaje, una base teórica y un tema que pueda enlazar todos los factores previos, además de unos parámetros de evaluación muy bien delineados. Por lo tanto, el defecto previamente comentado es la dificultad que encontramos en llegar a un equilibrio entre todos los factores que intervienen en la creación de una tarea por proyectos.
De este modo, ofrezco como imagen a la “Justicia”. Personalmente creo que expresa totalmente mi concepción ya un poco más evolucionada de lo que es la evaluación. Debemos ver la evaluación como una balanza en la que intervienen diferentes factores que deben tener el mismo peso, para poder crear un equilibrio perfecto, el cual es el punto clave de una evaluación justa. Pero también me gustaría destacar el papel que ocupa la venda que lleva puesta la justicia. Esta venda tiene un doble sentido: tanto la ceguera del alumno en la mayoría de los casos en que no sabe cuáles son los parámetros de evaluación, como la ceguera que padece un profesor al creer que todo su trabajo durante el curso no es fiable y deja que todo el peso (de la justicia) caiga sobre un examen final.

PD: para acabar de completar esta entrada, me gustaría añadir algunos puntos comentados en la discusión en clase y añadir una nueva imagen que "encaja" con la justicia. Después de haber diseñado un esquema con los puntos clave y conceptos que intervienen en la evaluación, observamos que, tal y como ya había comentado, todos ellos están relacionados entre sí mismos y necesitan un equilibro perfecto para poder llevar a cabo una evaluación justa y fiable. De todos modos, también surgió alguna duda ante uno de los conceptos comentados: la autonomía de la evaluación. Este concepto presenta ciertas dudas para mi, ya que no encuentro su sitio dentro de la balanza. No se si debe interpretar como una autoavaluación o como la autonomía que debe adquirir un alumno para reflexionar sobre su proceso de aprendizaje (distinguiendo, obviamente, entre autoavaluación como tarea de evaluación y autonomía como la capacidad en sí que debe poseer el alumno). ¿Alguna aclaración?

domingo, 20 de enero de 2013

El tick se debe convertir en una flor.

La primera imagen que me vino a la cabeza cuando en clase nos preguntaron "¿Cómo se representa tu idea de evaluación a través de una imagen mental?" fue la de un tick. Esa especie de gaviota simple a la que tanto valor damos cuando está al lado de una pregunta, ya sea de un examen o de un ejercicio cualquiera. Ahora bien, después de esta imagen lo primero que pensé fue: ¿Por qué un tick?

Unos minutos después, cuando ya estaba subido a uno de tantos tipos de transporte público, comencé a pensar que, realmente, mi idea de examen se representa con la de un test de respuesta múltiple y, seguramente es por esta razón por la que asocio evaluación con la imagen de un tick. Pero seguía teniendo curiosidad por llegar al fondo de la cuestión y saber un poco más sobre mi.

Pronto llegué a la conclusión de por qué ese tick, por qué ese tipo test y, por lo tanto, por qué ese tipo de evaluación que representa. Realmente mi experiencia como estudiante de inglés ha sido mi mayor influencia en lo que a educación se refiere. Ese tick, que al parecer será una de mis imágenes recurrentes, lo conocí por primera vez en las clases de inglés de primaria, donde se convirtió en la marca de "Correcto" para los ejercicios que realizábamos. Pero significa algo más ese tick: significa que la respuesta es correcta o incorrecta y que no hay opción a "medias tintas". Al igual que los exámenes tipo test tampoco te dan ninguna opción a poder demostrar que tu conocimiento, aunque no sea total, si que es parcial y que quizás tus reflexiones y tu estudio han llegado a algo que va más allá de una A, B, C o D.

Aun así, la susodicha imagen me sigue creando ciertas... contradicciones. En este punto de nuestra vida, todos sabemos que la evaluación es algo más que un examen al final del camino (o del trimestre, como queráis llamarlo). Supone motivación, sabiduría, esfuerzo, tiempo, organización, actividades, etc. Y no todos estos conceptos se ven reflejados en un simple (o no tan simple) tick.

Finalmente, para acabar con mi reflexión, he visto que otra imagen que todos mis compañeros tienen del concepto de evaluación es la presión que uno siente durante la época de estudio, el momento de redactar el examen y la espera de notas. Pues bien, para mi siguiente reflexión me gustaría pensar sobre esto ya que, aunque mi idea de evaluación no tiene espacio para cometer ningún error, tampoco lo tiene para la presión: en ningún momento se me ha pasado por la cabeza.